miércoles, 13 de mayo de 2009

El sitio de mi recreo

Para algunos, un gran letrista y músico del pop español. Para otros, un ejemplar más de la mítica y estéril móvida madrileña. En todo caso un hombre que contribuyó a que la caspa nacionalcatólica y rancia de las marisoles y los rafaeles pasara de moda popular. Os dejo una canción y la dirección de You Tube por si queréis ver a su intérprete y oirla.
"Donde nos llevó la imaginación, donde con los ojos cerrados se divisan infinitos campos. Donde se creó la primera luz junto a la semilla de cielo azul volveré a ese lugar donde nací. De sol, espiga y deseo son sus manos en mi pelo, de nieve, huracán y abismos, el sitio de mi recreo. Viento que a su murmullo parece hablar mueve el mundo con gracia, le ves bailar y con él, el escenario de mi hogar. Mar, bandeja de plata, mar infernal es su temperamento natural, poco o nada cuesta ser uno más. De sol, espiga y deseo... Silencio, brisa y cordura dan aliento a mi locura, hay nieve, hay fuego, hay deseo, ahí donde me recreo."
Antonio Vega (fallecido el 13 de mayo de 2009)
http://www.youtube.com/watch?v=g1VoZV0KKrE

sábado, 2 de mayo de 2009

Juan Marsé y Cervantes: crónicas de la España real


La entrada que sigue a continuación escoge un tema algo caduco ya. La urgencia informativa que imponen las posibles pandemias virícas, las crisis económicas y algún que otro evento deportivo obliga a que el tiempo de permanencia en la parrilla de actualidad sea breve. Los premios literarios suelen tener poco morbo y menos sangre y por ello es posible que hoy ya pocos se acuerden de que la semana pasada el escritor catalán Juan Marsé recogió el galardón cervantino que el mundo iberoamericano de las letras concede anualmente a sus mejores autores.

No es Marsé uno de mis favoritos. El casticismo “chusquero” (me pregunto si os llegará la extensa amplitud de este adjetivo adaptado del militarismo fascista español) que con tanta maestría recogió en sus novelas; la programática sordidez posguérrica y la aburrida esterilidad seudoprogresista del franquismo tecnocrático puestas al descubierto en La oscura historia de la prima Montse y Si te dicen que caí son aspectos esenciales de una España real y oscura de la que me resulta imposible congratularme. Sé que representan hábitos de una época que vivieron otros y que por ello no es de rigor criticarlos virulentamente. No deseo yo tampoco que en unas décadas alguien me eche en cara los terribles años de betún bajo la hegemonía de los clanes Bush, Putin y Berlusconi. No obstante, Juan Marsé me transportaba con sus palabras leídas en las sobremesas del verano a una realidad histórica triste y seca. Carente de toda diversión y placer. Insoportable pensar en haber vivido entonces e increible saber que mis padres formaron también parte de esos grupos de niños aburridos y hambrientos de chocolate y juguetes. Un extraño sentimiento de encerrona e injusticia clausuraba con frecuencia las lecturas marsianas.

Ahora es premio Cervantes y de su discurso ceremonial me he permitido escoger algunos pasajes porque creo que revelan una postura literaria coherente a lo largo de los años y comprometida con un acto único y preciso como es el de narrar. El escritor catalán abomina de teorías y modelos de escritura. Su experiencia autorial dice basarse en unos pocos principios que me permito transcribir aquí brevemente. El discurso se encuentra en internet...por si se os ha abierto el apetito.
“Con respecto al trabajo mantengo algunos principios, pocos, que bien podrían resumirse en dos: procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo.”
(http://estaticos.elmundo.es/documentos/2009/04/23/discurso_marse_cervantes.pdf)

sábado, 18 de abril de 2009

La crisis: miserias y glorias

Se me ocurre semejante título tras leer con una media sonrisa la noticia sobre el encuentro de Obama con sus homólogos latinoamericanos. Seguro que todos han dado cuenta del esperado viaje del nuevo mesias norteamericano a las latitudes sureñas. No puede salir este señor de su casa blanca sin que la opinión pública universal se entere, como tampoco es posible librarse de sus diatribas domésticas (que si perro chucho o perro de raza, que si huerto de la abuela o apertura de parque infantil en las partes traseras de Lincoln) ni de los atuendos que porta su versátil señora. Sin embargo, no es esto de lo que quiero hablaros.

Como digo, la visita presidencial me parece uno de los logros de esta desventurada crisis económica que asola, no, no a nosotros especialmente, sino a aquéllos que sin tener ya antes nada, parecen haberlo perdido todo en los últimos meses. Intento recordar y no me vienen a la mente imágenes de presidentes de los Estados Unidos en territorio latinoamericano y sí las de oscuros hombres vestidos de gris al servicio de esos "benefactores" de la humanidad que han sido y son FBI y CIA. El gesto peda- (permitidme aquí la licencia "a la germana") y demagogo del venezolano Chavez al regalar a Obama el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de Latinoamérica revela una actitud por lo menos diferenciada frente a la hegemonía del norte. Una hegemonía que no se acepta y frente a la cual se opone la conciencia histórica de soportar siglos de represión y explotación por parte de diferentes poderes nacional-imperialistas. Lo que no deja de ser algo chocante es haber escogido el libro de Galeano para entregárselo a un presidente afroamericano. Mejor le hubiera facilitado el volumen a su distinguida majestad ibérica, a quien sin duda más le atañe el contenido por cuestiones relacionadas con la sangre azul y la noble cuna ahorrándose de paso la sentencia imperativa de mandar callar a un rey desde el trono de la tiranía valleinclanesca.
La crisis no es tan solo una cuestión mediática para que los políticos de este mundo se reúnan y nos den la sensación de que ante el fracaso del tipo banquero siempre nos quedará el tipo presidenciable. Lo demuestran las imágenes de los trabajadores africanos, sentados entre los pinares de la costa onubense esperando a que alguien les de la venia para lanzarse a recoger fresas...Las fresas que nos comemos todos aquí a dos euros el kilo, según el frutero de mi calle. Al parecer nadie los necesita ahora que los españoles han dejado de conducir Mercedes, financiados antaño con créditos a cubrir hoy con el trabajo de las señoras en la era...La crisis, para unos plataforma mediática desde la que supuestamente hacer história para otros la lucha por la supervivencia, produce semejantes paradojas de la actualidad.

miércoles, 8 de abril de 2009

Aprendiendo de los osos


porque duermen todo el invierno, en sus cuevas calentitas, ajenos a lo que ocurre fuera, témpanos de hielo y nubes grises...
porque luego despiertan en un entorno que como ellos se despereza, colorido y carnoso, dispuestos a sacarle todo su jugo...
porque viven libres...
...Sirva la metáfora del oso para retomar el epistolario-virtual con aquéllos que aún sigan ahí.

domingo, 22 de febrero de 2009

Preparando el G-20

Esta tarde, después de comer, y con el sopor que produce una comida de domingo y el buen sofá delante del televisor, he cabeceado con el ronroneo de voces e intérpretes. De vez en cuando, y como formando parte de mi fantasía onírica, escuchaba la voz de Merkel o Brown. Finalmente la realidad se ha apoderado de mí y he visto a unos diez de los veinte en fila, hablando por turnos, según la canciller fuera llamándolos.
Este tipo de actividades televisadas son sumamente interesantes para mí desde un punto de vista cinético y gestual. Mientras los anglosajones (Brown, Merkel, Balkenende) apenas gestualizaban el discurso y mucho menos se movían en la silla, los latinos ( Sarkozy, Berlusconi, Zapatero...) parecían que tuvieran pica-pica en la silla, sin olvidar las manos, claro, que movían de tal manera y con tal fruicción que más de un anglosajón se nos habrá asustado.
Interesante ha sido ver cómo Sarkozy, con su dedo índice, iba avisando de la gravedad del asunto.
Lo que son las cosas, qué bonito es ver estas diferencias culturales. Al menos a mí, me encantan.
Ahora, eso sí. Dirán los alemanes que tanto italianos como los hispanos hablamos a una velocidad de vértigo. En absoluto, miren a qué velocidad debía traducir la intérprete a los anglosajones y cuánto tiempo le sobraba con los latinos. Ahora bien, la estructura del discurso, también era otra.
Ya les digo, sin desperdicio.

jueves, 22 de enero de 2009

Juan Vicente Piqueras


Nacemos de la sed. Somos palmeras que van creciendo a fuerza de perder sus ramas.

Este noviembre me encontré un manojo de versos en Estambul y hasta hoy me acompañan.

Os invito a descubrirlos. No os defraudarán.

http://juanvicentepiqueras.com/espanol/video.asp


jueves, 13 de noviembre de 2008

La memoria justiciera


Me la imagino personificada, envuelta en una máscara y dotada de un látigo de siete colas voraz y violento, dispuesta a flagelar cualquier intento de desvío narrativo, de relato aparte que no considere los antagonismos de décadas, la tradición del recuerdo establecido, los discursos de la oligarquía anterior y posterior que tan bien han contribuido a dar identidad a esa memoria que aquí yo construyo mentalmente como si de una guerrera medieval se tratara.


Porque lo cierto es que la reconstrucción del pasado traumático nacional (en este caso el español) está costando mucho trabajo y enjudia, la participación de diversos entes sociales y administrativos y sobre todo una cantidad de verbo, palabra y sentimiento que no parece aclarar mucho la cosa, sino más bien hacerla aún más confusa. Desde la Judicatura hispana llegan los clamores de uno y otro bando (sí, por lo visto existen aún aquellos enfrentamientos de antaño, ocupados hoy en defender la "Historia oficial" o las dos versiones de la misma, tanto da) y los magistrados se ponen las zancadillas, se inhabilitan y se atribuyen funciones según les convenga ideológicamente. Menos mal que hay una ley. Al menos el marco en el que celebrar los enfrentamientos está bien delimitado y esto restringe las temáticas en disputa. Si no fuera así, seguiríamos como antaño, unos hablando de peras y otros de ciruelas, los de aquí pidiendo justicia y reparación, los de allí formulando hipótesis históricas sobre que hubiera pasado si no se llega a decimar el "peligro rojo". Para mí conversaciones de braseros dominicales, motivos de disputas familiares y causas de tedio absoluto ante la falta de rigor histórico, moral y personal con los que se trata usualmente la cuestión.


Cierto es que los muertos también tienen derecho a reposar dónde los quieran sus familiares vivos. Que aún cadáver, el individuo tiene nombre, familia y patria que le siguen perteneciendo en el reino de Hades y que la dignidad no se pierde con la vida. En este sentido, no parece tan descabellado el propósito del juez estrella ibérico Garzón de abrir fosas, excavar hoyos y sacar a la luz los huesos de los caídos por la República (tantas osamentas de los que cayeron por esa patria mítica, falsa e imperial formulada por el régimen franquista recibieron tantos honores durante años, que bien pueden ahora dejar sitio a los que por cuestiones políticas fueron olvidados largas décadas). Es una cuestión de dignidad y sobre todo de equiparación histórica. Lamentablemente en España es imposible resolverla desde el ámbito civil y como muchas otras cosas de tipo social han de ser enturbiadas por un proceso penal.


Desde esta triste óptica que no deja entrever atisbos de reconciliación a pesar de los años es desde la que observo el flagelo justiciero de la memoria. Sigue ésta repartiendo golpes a diestro y siniestro, ciega de ira y confusa por no encontrar un respiro, un recodo o remanso de paz en el que finalmente dejar a un lado el arma brutal del recuerdo y extender su manto para que todos nos recostemos en él, unos al lado del otro. El manto de la memoria como lugar de encuentro y diálogo, como escenario de un ejercico dramatúrgico en el que se admitan los relatos de todos y sobre todo. En definitiva, un abrigo en el que cobijarse y de paso reencontrarse con "los otros" para que la articulación de la multiplicidad de discursos que surjan a su amparo constituya por fin la historia esa que se acaba escribiendo de verdad con mayúsculas.