viernes, 10 de agosto de 2007

ACERCA DE LO EPISTEMOLÓGICO, LA TAXONOMIZACIÓN Y OTRAS FALSAS PALABRAS

No esperaba yo que la Real Academia de la Lengua Española destapara sus vergüenzas, llámense archivos secretos, para ponernos al día sobre las incongruencias gramaticales, semánticas y de otras naturalezas que han ido cometiendo los egregios académicos a lo largo de los siglos. No pretendo afirmar que estos insignes de la lengua hubieran de ser infalibles. Como lúdico entretenimiento que puede ser ocuparse de un idioma, acepto el hecho de la trampa, la fullería y el engaño como parte integrante del juego. Regir los destinos del castellano habrá sido, es y será una ardua empresa en la que, por lo visto, no han faltado los momentos de distensión y broma. Menos mal.
En el artículo de Javier Cansado publicado hoy en El País digital con el título "Apertura de archivos secretos de la RAE", se hace referencia por ejemplo a la bromita que algunos ilustres sillones (seguramente desde el flanco de las mayúsculas) gastaron al representante de la minúscula "s" al incluir esta letra en la regla de acentuación de las palabras agudas. Seguramente también se la tenían guardada al representante de otra minúscula, en este caso el señor "n" y por eso desde las altas torres que ofrecen las "A" "R" y "T" se proclamó a los cuatro vientos esa regla que dice que pasión ha de soportar el peso de doña tilde en la "o". Y lo mejor del caso es que todo fue organizado como una broma, un chascarrillo que logró instalarse en las altas cotas de las normas ortográficas. Para que luego hablen del carácter divino de la regla.
Menos gracioso resulta desde mi punto de vista el uso de palabras que no existen. Antinomia ésta que enfrenta el uso real de un vocablo con la ausencia de una legitimación académica. Según Cansado, el origen de "epistemológico" hay que buscarlo en alguna tesis de sociología sacada del horno complutense madrileño. De ahí inició un periplo mediático que hizo de esta palabra el éxito de la última década y fue vendida como rosquillas. ¿Y qué significa exactamente? Al parecer todo y nada...lo que deja espacio para que sea explotada por voceros chusqueros necesitados de adornos pseudocientíficos. Algo similar parece ocurrir con otro intruso anglosajón que nos llega desde el mundo filológico, "taxonomización", que lo mismo sirve para un roto que para un descosido aunque realmente nadie sabe con qué hilo se hilvanó al castellano.
La invención de palabras es parte de la esencia de una lengua. Es la herramienta humana para describir el mundo que nos rodea y no estar limitados a lo que nuestro dedo índice marque. No obstante, si desde el elevado mundo académico nos imponen vocablos hinchados y vacíos de contenido es labor de la Academia frenar esos cultismos ácratas propios de instituciones oscurantistas. No se trata de recriminar con el dedo acusador sino de preguntarles directamente a esos señores docentes si conocen el significado aproximado de la mitad de palabras que utilizan. De semejante encuesta creo que podría salir un interesante resultado y lo mejor de todo es que muchas de esas palabrotas carentes de significado se caerían del cartel sin mayor escándalo. A falsas palabras, falsas esperanzas.

1 comentario:

Mila dijo...

Curioso es que tratándose de elementos extraños hayan cuajado tan rápido y tan al gusto de los académicos que, al menos en la versión online del diccionario de la RAE, aparece la voz "epistemológico". Los demás conceptos ya no los he buscado porque creo que si aún no aparecen, aparecerán.
Resulta aún más curioso la, en ocasiones, arbitrariedad de estas incorporaciones al diccionario y las modificaciones que experimentan ciertas palabras y reglas ortográficas. De punta tengo los pelos desde que carnet pasó a carné y desde que los pronombres demostrativos se quitaron de encima el acento y sólo requieran de él en cuanto haya un problema de ambigüedad. En casos de enriquecimiento del idioma vaya mi voto, en los otros, como filóloga, mi abucheo.